Con el alma rota, la mirada exiliada
gritan en silencio su resignación,
caminan despacio, sus alas quebradas,
las mismas que sangran por esta nación.
Quedan los amigos,
atrás en la cuneta,
hermanos, padres, hijos…
Atrás quedan sus huellas,
corazones partidos
rumbo a la frontera.
Muertes encubiertas,
vestidas de banderas,
por defender en su tierra,
libertad, que se les niega.
Una línea invisible
rompe, mata, divide,
masticando sin aliento
derrota y desesperanza
como único sustento,
la sin razón, que arrasa.
Todos somos perdedores
de una guerra fraticida,
el sin fin de una injusticia
de vencidos, vencedores.
Adiós mi querida España,
mi tierra, mi vida, mi patria.
Conmigo te llevo al exilio,
cuídate bien de los míos,
de los muertos, de los vivos,
todos quedarán callados,
el miedo ha sellado sus labios,
no hay lápidas para nombrarlos.
En pie quedarán las viudas,
vestidas de rabia y silencio.
En pie quedarán los huérfanos,
desnudos ante el desencuentro
Cuarenta años de entierros,
de llantos callados, de gritos yermos.
Cuarenta años de encierro,
clamando justicia, libertad y duelo.
Para unos, historia, para otros, recuerdos,
grabados en la memoria junto al dolor del silencio.
Les debemos un tributo,
un grito de amor en el viento
hombres, mujeres y niños
muriendo en el desaliento.
Aprendamos, recordemos,
lloremos juntos ahora
que nadie llore mañana
por injusticias que sangran.
Recordemos, aprendamos,
que la libertad es el alma,
sin ella…somos silencios,
memoria que muere y mata.



