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A todos los que os asomáis a este rincón, gracias. A todos los que compartís un pedazo de tiempo vestido de letras, gracias.
A todos aquellos que aún creen firmemente que la palabra es un alimento para el alma ¡¡gracias!!

"Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio"
Federico García Lorca
"Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil."
Ernesto Sábato
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes."
John Lennon
"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras. Cuida tus palabras porque se transformarán en actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino y tu destino será tu vida..."
Gandhi.

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sábado, 4 de octubre de 2014

Sabes que me lates?





Tengo las horas abiertas de par en par, para dejar entrar las gotas de lluvia que han aprendido a decir tu nombre, que han aprendido a pronunciarte en medio del silencio y han dibujado tus ojos, tu mirada, detrás de cada pedazo de vida que se mece suavemente a través del cristal.

Sabes que me lates?


Estoy aquí sentada, divagando con el aroma de tu pelo, con ese número inexacto de lunares que aún no alcanzo a contar entre suspiro y suspiro mientras camino por tus comas y tus puntos y tus pausas y te siento susurrarme en esos largos paseos que bordean la piel de mis caderas.
Divago con las escamas de los peces, con las algas enredándose en las espumas blancas del azul una tarde de lluvia como esta o como cualquier otra tarde en la que puedo sentir que te respiro, que me respiras. Que estás en todas partes. Que estás…

Divago contigo y conmigo, mientras la noche se acomoda en el tejado y los violines suenan a lo lejos, arropando ese suave murmullo que conoce los secretos de las hojas caídas.

Sabes que me lates?

Mis muslos reclaman la equivalencia de tu anatomía para hacer enredaderas en el jardín del alba mientras vemos amanecer mordiéndonos la vida.

Estoy convencida de que en el interior de tu pecho, está el origen de los colores de ese otoño que amo y tal vez allí estén también acurrucados todos los versos que aún me quedan por sentir.

No sabes cómo me lates… o sí?

lunes, 14 de abril de 2014

Todas y ninguna



Arrebatada.

Dulce

Triste.

Niña.

Vieja.

Hormiga.

Águila.

Hembra de raza.

Ceniza.

Ternura.

Soledad.

Sombra.

Lágrima.

Todas y ninguna.

Yo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Apenas se despereza el cielo en el horizonte de mis párpados y ya siento el calor de este invierno nuevo atrapado entre tus ojos. Es hermoso despertar en ti. Rozar la ternura con la yema de mis dedos. Recibir el puzle de tu boca y reconstruirlo, pedazo a pedazo, con cada beso. Es hermoso vestirte con mis sueños. Doblar la esquina del reloj y encontrar un pequeño rincón para ser dueños del tiempo. Enhebrar una caricia en cada trazo de aliento y sostener la certeza de ser nuestros.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Mi mar




Desciendo por los vórtices redondeados de tu ombligo, esa espiral concéntrica donde reposa el misterio del origen.

No hay salida. Tu piel es una cárcel abierta donde se condenan mis labios.

No hay salida. Entraste en mis ojos aquel Noviembre dulce que escribió tu nombre en mi carne, sin calendarios.

¿Acaso crees que el mar deja de ser mar porque las alas de una gaviota no vuelvan besarlo? Tú eres mi mar. Recuérdalo cuando sientas que en la noche sin estrellas, cubierta de niebla, de pronto, a lo lejos, parpadea la pequeña luz de un faro.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Abismo




A veces la vida se mueve en sentido contrario a las agujas del reloj y desandamos a tientas, sobre las heridas del pasado, como si quisiéramos rebuscar entre los escombros el origen del dolor. 



No importa lo que hagamos, no importa. No importa cuántas veces volvamos. No podemos modificar ni un ápice de aquellos paisajes que se hicieron añicos. No podemos. Y aunque a veces sintamos que nos ahoga la misma oscura y densa niebla, no es cierto. No es aquella. Es otra. Y nosotros tampoco somos los mismos. 



Tú aún me buscas en las raíces de la tierra. Aún quieres extraer de mí la entraña ensangrentada de umbilicales telas. ¿Aún no sabes que he muerto de piel para dentro? ¿Aún no sabes que una vez, morí? 



Si quieres buscarme. Si quieres hallarme, mírame. Mírame ahora. He sumado costras y mis ojos de mar parecen una sombra grisácea y abstracta con algún destello de locura. Ya no soy aquella que una vez necesité ser, aunque ni siquiera entonces tú me vieras. 



Tú nunca me viste. Te bastaba con saberme cerca. Como una corteza de un árbol perene. Perpetua. Sosteniendo tus idas y venidas. Tus iras contenidas. Tus juicios morales de miradas estrechas y ambiguas. Tal vez por eso no fuiste capaz de verme mientras agonizaba en medio de la nada. 



Si quieres hallarme. Si quieres buscarme. Mírame. Mírame ahora. Verás las cicatrices que te nombran. Verás la niebla que ha cubierto mis días y mis horas. Verás que a pesar de estar perdida aún me levanto y camino con las piernas rotas, con la vida rota, con el alma rota ¡camino! 



Si quieres mirarme, si quieres hallarme, ven a caminar conmigo, pero deja ya de juzgarme. Deja ya de culparme. Deja ya de querer encontrar en mí, lo que perdí, lo que perdiste, lo que perdimos en aquel abismo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Solo...



Era solo una boca,

llena de mediodías

de soles y de olas,

de mar y melancolía.

Solo una boca sola.

Sin besos y sin caricias.

Solo una boca era,

con labios de poesía.

domingo, 29 de julio de 2012



A veces, la noche apuñala los sueños por la espalda y un reguero de tristeza negra va recorriendo la senda de la almohada.

No importa, en realidad no importa dormir con la muerte en la mirada. No importa teñir de soledad el techo y abrazarte a las sombras que nacen con la madrugada.

No importa que el amanecer te sorprenda con una lágrima clavada en un rincón del alma, mientras evades el espejo y el silencio se apodera de tu alma.

La vida sigue, aunque te rompan y te rompas, aunque las piezas ya no encajen en el mapa y el corazón se haya quedado bajo la piel de las sandalias. La vida sigue y te persigue, te persigue con su rastro de esperanza. Aunque te niegues y no respires. Aunque se anude la tristeza a la garganta.

domingo, 1 de enero de 2012

Hoy es tiempo






Sobre la tierra cansada se esparcen mil gotas de finísimo rocío, gotas de hielo, gotas de sueños que el viento de invierno arropa en la alborada de este nuevo día, de este nuevo año, de este nuevo tiempo que comienza…
Hoy es tiempo de limpiarnos de llantos y lágrimas. Tiempo de mirar de piel para dentro y abrazarnos a lo que somos, a lo que anhelamos ser y encontrar el camino para llegar.
Hoy es tiempo de olvidar agravios, de sanar heridas, de volver a soñar. Hoy es tiempo de volar sobre nuestros temores y saber que aún con ellos podemos avanzar.
Tiempo de ser, sin excusas. De sentir, sin excusas. De entregar, sin excusas.
Tiempo de aprender a perdonar. De recordar lo hermoso y borrar con la palma de la mano todo aquello que nos pueda lastimar.
Tiempo de no perder el tiempo. Porque cada instante es único, irrepetible y sin apenas darnos cuenta… se nos va.
El hoy, es el tiempo que tenemos… procura que sea un hermoso lugar donde habitar.

¡¡Feliz Año 2012 para tod@s!!!

domingo, 20 de noviembre de 2011

No. Hoy no.









Hoy no tengo ganas de llorar. No. Aunque siga con la misma daga de cristal clavada en medio de algún lugar equidistante entre el pecho y el alma, ese lugar donde se almacenan las tristezas que suceden y que invaden y no terminan nunca de marcharse.

No… No me abandonan… se van quedando… se van deshojando como flores marchitas de primaveras pasadas que dejaron sus huellas entre mis manos. Otras veces simplemente se quedan nadando entre una gota de agua, una lágrima colmada, una lágrima pequeña que se perdió o que no quiso ser encontrada y de cuando en cuando sale y se asoma a los portales rotos de mis ojos, cuando la noche se va apagando despacio y la memoria queda libre para volver a recorrer los caminos que se quedaron atrapados en algún lugar del pensamiento, amarrando el ayer entre mis brazos.

Pero no. No tengo ganas de llorar, aunque la tristeza cabalgue en mi garganta y trepe por los nudos de mi espalda cansada. Aunque mi carne se quede sin peldaños para subir a la azotea y respirar un pedacito de nube, de esa nube que guardé entre las esquinas de un papel donde escribía delirios, poemas y quimeras…

No. Hoy no tengo ganas de llorar aunque sienta que mi piel, toda mi piel, se derrama sobre la tierra formando pequeños charcos de líquida tristeza y sienta que el otoño y su nostalgia se han quedado atrapados en los surcos de mis venas, bombeando este corazón que late despacio, apenas… que apenas late ya, cansado de las idas y venidas de la noche. Cansado de limpiar el mismo escaparate cotidiano día tras día, manchado de ese color gris parduzco que ennegrece las sonrisas y no permite que entre la luz del sol por ninguna rendija.



Pero no. Hoy no tengo ganas de llorar… o tal vez sea, simplemente, que de tanto haberte llorado ya, me quedé vacía…

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Miércoles, 28 de septiembre, 2011




Hoy de nuevo, la lluvia se ha hecho presa de mis ojos al pensarte. Hoy de nuevo no pude evitar llorarte. He sentido como se me arrugaba el alma hasta hacerse pequeñita y quedar hecha jirones en un rincón de mi misma.  He pintado de líquida tristeza las paredes donde encerré tu ausencia, tus mentiras, tus idas y venidas, tus puñales clavados sin piedad en mi entraña partida.

Hoy, por un instante, he vuelto a sentirme vencida. Nunca comprendí el por qué… por qué te marchaste con la mochila vacía de sueños, de puentes y de sonrisas. Por qué construiste catedrales de rabia contenida. Por qué te olvidaste de ti… de mi… de todo aquello que alguna vez vio la luz de tu sonrisa.  Tú que fuiste mi luz, la arquitectura de mi vida, tú, que nunca dejaste de ser aquella niña…

Tuve que aprender a masticar las costras de mis heridas. Aprender a contener los huracanes, los vendavales de dolor, clavados entre mis manos vacías. Aprender a quererte en el miedo de la muerte, en el silencio de la vida cuando esta se retuerce y se enreda en una corona de espinas…

Hoy de nuevo se han abierto los candados del baúl donde tu habitas. Ese lugar hermético,  inhóspito y cerrado donde te guardé aquel día…para no pensarte, para no llorarte, para no gritar con la garganta vacía… para poder seguir viviendo sin vivirte, sin saberte viva entre mis días. Para poder alzar la vista, mirar al frente y romper esas cadenas que me hundían…

Pero hoy…durante un instante, durante apenas un instante que se me ha llenado de tiempo… hoy, por unos momentos, he necesitado dejarme vencer,  dejarme caer en este llanto silencioso que me nace y me muere sempiterno.. que me nace y me mata de a poco, aquí, de piel para dentro…

sábado, 2 de abril de 2011

Epidural ¿si o no?



El otro día leía un artículo en el que se hablaba sobre la posibilidad de elegir un parto natural o hacer uso de la anestesia epidural.

Supongo que para una madre primeriza no es una decisión sencilla, porque está basada en experiencias y criterios ajenos y no creo que exista nadie que pueda definir con exactitud lo que una mujer siente durante el parto.

Primero, porque como en muchas otras cosas, cada parto y cada mujer, es un mundo y a pesar de las posibles similitudes fisiológicas, existe una marcada diferencia de lo que supone en cada mujer esa experiencia en base a distintos factores.

Segundo ¿Cuáles son los parámetros a tener en cuenta  para tomar una decisión como esa?

Estamos hablando siempre de embarazos y partos de bajo riesgo, en los que no se prevén , a priori, ninguna complicación.

Lo cierto es que vivimos en una sociedad con muchos avances médicos y tecnológicos, que nos pueden proporcionar mayor comodidad y pueden erradicar el dolor de un parto y hacer que este se convierta en un “paseo” calmado… pero ¿a qué estamos renunciando?

Yo creo que cada vez existen menos cosas AUTENTICAS en esta vida… nos estamos acostumbrando a vivir con sucedáneos…preferimos la seguridad y la comodidad  a exponernos al ímpetu de una experiencia nueva y vital…

A lo largo de mi vida he escuchado a muchas madres contar su experiencia y a pesar de la similitud, todas son distintas. Yo tengo dos hijos y para mí todo el proceso del parto fue, es y será una experiencia única, vital e inolvidable. No existe nada…NADA… que se pueda comparar al momento en el que tu hijo/a ve la luz por primera vez. Es cierto que el dolor existe y duele, si, duelen las contracciones que están abriendo el camino. Duele sentir como se rompen y estallan las fibras más íntimas de tu cuerpo pero esa sensación de sentir como la vida está a punto de florecer de tus entrañas… esa criatura que ha estado dentro de tu cuerpo durante meses, creciendo, latiendo, alimentándose de ti, comunicándose contigo… ese inmenso milagro, es una vivencia auténtica e irreemplazable…

Entiendo y respeto la decisión de muchas mujeres de elegir la epidural, pero creo que de alguna forma están perdiendo la posibilidad de disfrutar plenamente la intensidad de uno de los momentos más bellos y auténticos de su vida.

domingo, 27 de marzo de 2011

Me gusta encontrarte




Me gusta encontrarte recostado en el océano de tus letras mientras te dejas mecer por el suave oleaje de espumas y arenas blancas en el que moldeas tus palabras.

Me gusta pensarte con la mirada perdida hallando horizontes lejanos, desempolvando recuerdos dormidos y reinflando sueños astillados.

Has entrado despacio por la puerta de mis ojos cuasi verdes y una marea de soles ha reflejado tu rostro a contraluz.

Apenas se de ti lo que me dice tu mirada calmada, tu media sonrisa pintando nubes en la espalda, mientras llueve una tarde de marzo dejando en el aire la esencia de tu tierra mojada.

Me gusta pasearme en tus rincones, bordeando tus pestañas, explorar el territorio de tus labios y el sabor de tu boca al despertar el alba.

Me gusta tiritar de frío al borde de tu abismo, sentir que vivo y que habito en la piel de tus manos. Esas manos calladas, cansadas de palabras que no dicen nada, esas manos que buscan un pedazo de silencio donde poder gritar y hacer que estalle la libertad del alma.

Me gusta imaginarte mientras invento recuerdos y ensayo una caricia nueva que quiere aprender a recorrer los senderos de tu cuerpo.

Me gusta encontrarte, pensarte y pasear en ti mientras le robo al reloj un pedazo de tiempo.

martes, 8 de marzo de 2011

Carta III / Carta IV - Mía

205.- Carta III. Mía
Pero tú no estabas allí, solo existías en mí y yo…yo nunca estuve.
Al principio era sencillo. Intenso, abrumador, reconfortante…Me sublimaba a través de la piel de tus palabras. Me bastaba con pensarte cuando aún creía que existías. Me bastaba con saberte al otro lado de mi misma, mientras construíamos entre los dos una fortaleza ajena al mundo. El resto del mundo quedaba fuera, dejaba de existir cuando tu mirada se encontraba con la mía.
Era sencillo estar ahí… abandonarme, despojarme de mi misma y ser en ti, sentirte en mi…. Hasta que un día dejé de respirar. Suceden cosas muy extrañas a tu alrededor cuando dejas de respirar. La oscuridad te embadurna. Intentas respirar por la nariz, por la boca, por los ojos, por la piel. Te abrazas a ciegas a esa pizca de aire que aún presientes, se esconde en algún lugar, pero no logras alcanzar…y poco a poco, vas perdiendo el sentido de esa irrealidad de la que te has ido apropiando. Si. Yo me fui haciendo dueña de esa irrealidad donde transcurríamos o tal vez fue ella la que se hizo dueña de mi. Sea como sea, la primera vez que desapareciste, dejé de respirar y empecé a despertar.
Pero aún no quería hacerlo. No. Aún no quería despertar a nuestra inexistencia, así que durante un tiempo, continué con la tarea de inventarte, escucharte, sublimarte, creerte.. creer que te miraba desde dentro era algo tan hermoso… Nunca he sentido la belleza renacer en mi interior de esa manera.
Pero no podía continuar allí… estaba renaciendo, si, pero al tiempo moría. Moría, desdibujada en los vacíos. Me inventaba y me asesinaba en el mismo acto desesperado. Y aún era tiempo de vivir. Era tiempo de despertar.
Despertar de ti fue doloroso, pero lo fue aún más despertar de mi…Nunca he sabido negociar. Pasé de mi exilio autoimpuesto
 a mirarte y de mirarte a inventarte, a inventarme y de allí pasé a despertar deslumbrada por el brillo de tu inexistencia y por la oscuridad de mi niebla.
Pero tenía que volver a mí. A pesar de la niebla.
Mía.



206.- Carta  IV. Mía
Tenía que volver.
Volver a mí. Aún sin saber realmente quién era, sin saber qué partes de mí, me iba a encontrar a mi regreso, tenía que volver.
Estuve tanto tiempo pensando que no era nada… que destapar la caja de pandora y enfrentarme a los pedazos que allí dejé no fue tarea fácil, no.
No es sencillo ser juez y jurado y declararte culpable de los crímenes cometidos en contra de tu propia persona. Yo me dejé morir. Soy culpable. Dejé de creer en mí. Soy culpable. Dejé que la vida me acorralase y permanecí quieta, en un rincón, intentando respirar despacio.
No supe afrontar la sinrazón, las pérdidas, la oscuridad se hizo en mí y yo.. yo me dejé llevar por ella.
Nunca tuve miedo a morir, pero es muy triste amanecer con miedo a la vida… y yo tuve miedo, de eso también soy culpable. Miedo a vivir en esa tormenta imparable que me arrastró hasta el fondo de las profundidades. Miedo a sentir cada día ese dolor irreparable y ser incapaz de cambiar las cosas. Nunca me había sentido tan incapaz de cambiar mis propias circunstancias y eso me asustó terriblemente. Me paralizó en medio de mi misma.
Hace ya tiempo que volví, pero la niebla y la oscuridad, no se disipan. Se han quedado, acechando dentro de mí. Cohabitan conmigo. Respiran mi aire. Se recuestan en mi almohada y me susurran… “seguimos aquí” …yo lo sé. Puedo sentir su presencia por doquier. Pero ya no tengo miedo. No.
Ahora, persisto en mi tarea cotidiana de encontrarme.
Mía

lunes, 7 de marzo de 2011

Carta I. / Carta II - Tuya

203.- Carta I. Tuya
Cuando llega la noche, como un rumor inquieto se apodera de mi y apareces tú… tú cansado, tú callado, tú con tu mirada quieta, bailando entre mis letras mientras te escribo para recordar que te recuerdo.
La voluble opacidad de mis pensamientos,  se llenan de ti y florecen las palabras en este papel en blanco donde aún se me enreda tu verbo y me encadena  a ese imperceptible espacio de  memoria donde te preservo y te aguardo
Conservo los aromas del otoño en aquella tarde en la que el tacto de tus dedos salpicaba mis manos. Y el viento.. con su voz de viento que no deja de ser tu voz, siempre tu voz, colgando de la noche, vaciando de oscuridad el cuenco donde cabe un corazón y existe un único latido, permitiendo que tu luz resplandezca en medio de la nada, en el centro de mi.
Entonces, ante mis ojos, todo se transforma. Y el sinsentido cotidiano se despoja de su falacia, dejando al descubierto la pureza, casi etérea, de la mirada ya desnuda, tu mirada…
Y se van desdibujando los paisajes que antaño coloreaban la sala. La mesa desinformada, el ordenador sigiloso, el caótico orden en el que habito a tiempo parcial… hasta este viejo sillón que soporta mis huesos cansados, todo se va transformando en  ti y puedo sentir como llegan hasta mi piel los sabores que se desprenden de tus labios.
Cuando llega la noche, te escribo para recordar que te recuerdo y que aún respiro… si…. y te respiro.
Tuya

204.- Carta II. Tuya
Si. Te respiro.
Pero aún soy consciente de mi propia inconsciencia. Fue una hermosa locura saberte y saberme a través de ti.
A veces, nos encerramos de a poco, pedazo a pedazo en minúsculas cárceles que se alimentan de nuestros más íntimos miedos, fracasos, tropiezos. Se engrandecen de nuestra propia oscuridad hasta dejarnos ciegos, sordos, mudos y es entonces, cuando más vulnerables nos sentimos, cuando nos atrapan y nos quedamos aislados, tras los barrotes de ira, rabia, dolor y frustración que minuciosamente se han ido tejiendo a nuestro alrededor.
Fue en ese pedazo de tierra yerma y desértica, en ese territorio donde me exilié de mi misma y me desterré de mi propia vida, donde mis ojos se encontraron con tu mirada.
Tu mirada de la vida, del amor, del verbo, de la ternura, de la palabra… tu mirada de la piel, de la caricia estremeciéndose con soltura en torno a ese universo paralelo y lejano en el que transitaban tus pasos.
Y entonces mi boca, una esponja sedienta y ajada, comenzó a beberte. Temblorosa al principio, lamía el jugo que se desprendía gota por gota de cada pedazo de ti. Fuiste derramando y extendiendo tus raíces a través de los surcos resecos de mi cuerpo y sentí como la sangre florecía a tu paso, fluyendo como un torrente de vida entre mis venas.  
Y quise más. Y me dejé llevar. Y el delirio empezó a destronar esas minúsculas cárceles, liberando cada pedazo de mi.
No recuerdo cuando fue la primera vez que me sentí que mentías. Pero creo que fue entonces cuando dejé de verte para inventarte, cuando dejé de verme, para inventarme y me lancé al abismo de intentar alcanzarte. Pero tú no estabas allí, solo existías en mí y yo… yo nunca estuve.
Me hice realidad a través de mi propio delirio y mi carne se hizo adicta a tu inexistencia. Y mordí tu boca, bebí de tus labios, cabalgué desnuda en la piel de tu deseo y te hice mío mil veces y mil veces fui tuya…. Pero tú no estabas allí, solo existías en mí y yo… yo nunca estuve.
Tuya.

viernes, 25 de febrero de 2011

Manías.

Hoy me gustaría hablaros sobre  el uso que se le da al término “manías”. Esas que todos sabemos tener y que en realidad se supone que tenemos  aunque no siempre (supuestamente)  admitamos tenerlas.
Según el diccionario de la R.A.E y en su acepción más próxima al tema que nos ocupa, la definición de manía es:
“Costumbre extravagante o poco corriente o preocupación injustificada por algo”
Bien. ¿Estáis de acuerdo con esto?? Yo no. No estoy de acuerdo en absoluto.
Cuando somos pequeños, vamos adquiriendo hábitos que se dan o que nos enseñan en nuestro entorno más cercano y según vamos creciendo, estos hábitos adquiridos se pueden mantener o pueden ser modificados por nuevos aprendizajes o simplemente por iniciativa propia, es decir… según vamos creciendo, vamos decidiendo lo que queremos y lo que no queremos. Aprendemos a deshojar y a delimitar “qué, cómo y cuándo” ¿no es cierto?
¿Por qué hay que definir cómo manía un acto que se realiza por iniciativa propia y de una forma totalmente premeditada?
Según esto, entiendo que saber lo que uno quiere, cómo lo quiere y cuando lo quiere es ser maniático ¿no?
Os pongo un ejemplo un poco tonto. Yo tomo mucho café (quizá demasiado o no, creo que no…). El caso es que tomo café con leche y me gusta tomarlo con leche fría. Siempre. Me da igual si está lloviendo, tronando o caen copitos de nieve sobre el capó del coche que está aparcado enfrente de mi ventana. Me gusta así…¿soy maniática y extravagante por eso?? Noooo. Y sin embargo, entrar en pleno mes de Enero a una cafetería y pedirme un café es complicado… a veces me miran como si fuese una extraterrestre o algo parecido. Algunos me preguntan dos o tres veces por si han oído mal y en otras ocasiones, no sé si por costumbre, falta de interés o de capacidad auditiva, me sirven la leche caliente y no os imagináis lo mal que me sienta eso…
Supongo que puedo enumeraros un sinfín de detalles sobre cómo me gustan y como no, ciertas cosas cotidianas. Sería una larga lista de esas supuestas “manías” que para mí, en realidad, no son otra cosas que aprendizajes formateados según mi propio criterio.  
En fin, cómo siempre os digo (será otra de mis manías) no os olvidéis de sonreír.

martes, 8 de febrero de 2011

Martes, ocho de febrero de 2011

       Se me hace extraño escribirte para decirte, para contarte al tiempo que escribo para decirme y para contarme. En realidad escribo para mí mientras pienso en ti. Esta es una de esas cartas que no envío. Es una de esas cartas que tú no quieres leer. No quieres saber que mi dolor, duele y que tú formas parte de él. De ese dolor que cobra vida y se apodera de los sentidos. Se cuela en los rincones más recónditos de mi y zarandea los pilares de la entraña.  No. Tú no quieres saber… no quieres saberte y cuando apenas empiezas a percibirte, retrocedes, porque a pesar de que una parte de ti se rebela, aún predominas. Tú. Con esa imponente y cruel mirada de niña desprotegida. Pero ya no eres una niña, a pesar de tu insistencia en no querer crecer. En no querer asumir la responsabilidad de tus actos, de tus palabras, de tu manera de enfrentarte a las distintas situaciones que se te plantean día a día.
            Todos podemos elegir y elegimos. Priorizamos según nuestras necesidades en función de nuestras opciones. Y asumimos las consecuencias. Y erramos…mil veces erramos. Pero en eso consiste… es un aprendizaje que debe comenzar desde el conocimiento y la aceptación de nuestro “yo” más íntimo. Es una búsqueda continua del equilibrio entre lo que somos y lo que queremos ser. Debemos aprender a construir. Aprender a construirnos a nosotros mismos y en ocasiones hay que recomenzar desde los escombros.
            Si eliges quedarte anclada esperando que sea el resto del mundo el que construya tus sueños, el que se adapte a tus necesidades… un día despertarás y te preguntarás ¿qué carajo he hecho con mi vida? Y solo tú podrás responderte… porque al final, ese “yo”, es el único compañero de vida que estará a nuestro lado hasta el último paso del camino.   

Como siempre os digo... no olvidéis sonreír.

viernes, 28 de enero de 2011

Soy mediocre.

Soy mediocre. Lo admito. Lo afirmo rotundamente. Con la frente levantada y la mirada en alto, admito mi mediocridad. Y os preguntaréis... si sabes que eres mediocre ¿por qué no haces algo para dejar de serlo? Pues porque incluso con esa "etiqueta" incómoda, defiendo mi autenticidad. Para bien o para mal soy única. ¿Y sabéis?  ya he perdido demasiadas cosas a lo largo del camino, como para permitirme el lujo de perderme a mí misma por ser algo que no soy.
Me gusta leer desde que tengo uso de razón y empecé a escribir hace mucho tiempo, de forma esporádica y breve. Durante el último año y medio lo he hecho de manera continuada. Escribo sin pretensiones, escribo porque las letras me han enseñado a dibujar realidades distintas y me han ayudado a "tolerar" mi propia realidad.  Escribo lo que me nace en las entrañas, lo que me emociona, me entristece, me enamora, lo que me provoca, me subyuga o me hiere... escribo, porque dentro de mi mediocridad, escribo con las tripas, las mías. Y seguramente en mis letras hallareis versos que se asemejan entre sí, porque tengo tendencia a ser "mono-tema"  hallaréis similitud (con la distancia que da el talento, por supuesto) con las letras de aquellos autores que me han impactado, hallaréis también verbos universales, temas universales, que todos los amantes del amor han utilizado en alguna ocasión.
En fin, como decía Sócrates "la verdadera sabiduría, está en reconocer la propia ignorancia" o aquella tan famosa de "Yo solo sé, qué no sé nada" ... aunque a decir verdad, algo sí que he aprendido a lo largo de los años, no mucho, es cierto, pero si hay algo es que todos los días tengo algo nuevo que aprender.... ¡aunque sea mediocre!!
No olvidéis sonreír.

lunes, 24 de enero de 2011

Exceso de cableado

            Qué sencillo era ser niño, abrazado a la inocencia, en parajes sin olvido, sin heridas, sin conciencia. Qué sencilla era la vida, entre nubes y cometas, con un sol de chocolate y una pizarra de estrellas. Juegos sin cables, sin mandos,  al pie de una simple mesa o aquellos patines viejos, vestidos con viejas ruedas.
En el parque, los columpios, volando sobre la cabeza y un correcalles corriendo por en medio de la acera.
Niños, grandes y chicos, imaginándose un mundo de veleros y piratas, de piratas y doncellas, jugando a pintar la mirada con mágicas lunas blancas y misteriosas sirenas.
            Todos se conocían, eran vecinos de escuela, eran los niños del barrio, la gente de sobremesa.
            Ahora ya, todo es distinto. Hay miedo en la cartelera. Los niños, ya no son niños, son adultos precoces de estatura pequeña. La inocencia se desgrana a lomos de tanta violencia y el desuso de la magia, la imaginación escueta,  está haciendo que la mente de nuestros niños, se quede extinta de ideas.
Somos como borregos disfrazando marionetas. Vivimos de las tendencias, de las modas que nos cuentan., alimentando el consumo de  marcas y de etiquetas.
             Ya no “mola” ser un niño que mil historias se inventa, que deja volar su mente más allá de las fronteras.
Ahora nuestros niños tienen una infancia resumida,  exceso de cableado y poca materia prima para expandir la inocencia.

sábado, 22 de enero de 2011

Me molesta




Me molesta,
que una verdad indiscreta
sea en realidad una mentira encubierta,
pintada con el velo de la ausencia.
No saber distinguir
la amistad verdadera
de la pura apariencia.
Me molesta la ignorancia,
la propia y la ajena,
los juicios de valor a la ligera,
la necesidad innecesaria
de colocar etiquetas.
Me molesta,
la sonrisa falsa,
la falsa modestia,
la mirada esquiva,
la palabra incierta.
Me molesta,
la estupidez gratuita,
la falsedad, la violencia,
la intolerancia machista,
el racismo, la incoherencia.

Me molesta
la mirada estrecha,
la estrecha conciencia,
la discriminación cerrada
la injusticia abierta.

Me molesta
el sexo encubierto
de moralidad ajena.
Un falso “te quiero”,
una mirada ciega.

Me molestan
las mentes vacías,
los pasos sin huellas,
los dedos sin manos
¡la vida sin vida!

martes, 9 de noviembre de 2010

Martes, nueve de Noviembre de 2010. Divagando.



En ocasiones la música me transporta a otro lugar. Me desnuda, me rasga las vestiduras y hace que estalle en mil pedazos todo lo que percibo como "mi entorno conocido". No existe nada. Nada más allá de esa melodía que va penetrando el territorio de mis sentidos y me permite perderme solo para poder encontrarme en el ruidoso silencio de mi alma.
¡Cuánta incoherencia nos rodea! A veces contemplo con tristeza el mundo en el que habito. Quizá por eso necesito esos momentos de "perdida de conciencia".. esos momentos en los que no existo y en los que sin embargo, siento una existencia plena, transparente, intensa. Son esos los momentos que me hacen sentirme más auténtica que nunca.
Lo mismo me ocurre a veces cuando escribo. No siempre, lo admito. Pero cuando ocurre... es impresionante. Me siento transportada a un flujo de energía etérea que yo misma voy creando a partir de ese ruidoso silencio que murmura en mi alma y desde allí voy reinventando cada pedazo de mi, de ti, de todo o de nada. Las letras me abrazan, me sacuden, me emocionan, me enamoran, me desgarran. Me recrean. Me hacen renacer una y otra y otra vez.
No digo que sean buenas o que sean malas. No. No soy capaz de determinarlo. Digo que cuando consigo vaciarme de todos mis miedos, mis prejuicios, mi rigidez mental, mis etiquetas y mis aprendizajes, me siento capaz de rozar el cielo con la yema de mis dedos. Me siento capaz de  SENTIR, capaz, simplemente de SER.
No olvidéis sonreír.
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