Absurdamente a veces,
me pierdo en el vacío,
en el hueco inexistente
entre tu labio y el mío.
En los recodos vírgenes
que nunca han recorrido
el sabor de nuestras pieles
y sus húmedos gemidos.
Me pierdo entre tus ojos
de otoños encendidos
y ese afluente azul
que brota de los míos,
que busca en tus pupilas
un puente cristalino
donde cruzar los días,
donde inventar caminos.
Mirarte sin mirarte,
es ciertamente lindo,
más yo quiero mirarte,
mirándote conmigo.
A veces se me traban
los versos que no digo,
se traban las palabras
mordidas de delirios
y es que,
absurdamente a veces,
me pierdo en el sonido,
de tus silencios blancos
de mis silencios vivos.
Yo te sé y por saberte
la lluvia se hace aroma,
salpicando, aquí en mi vientre
todo el agua de tu boca.
Yo te sé y por saberte
voy recorriendo sombras
y en tus vocales breves
se abriga mi memoria.
Y es que absurdamente, a veces,
mi piel de espuma y ola
te busca ciegamente
en el naufragio de la aurora.
Yo te sé y por saberte
te pronuncio con mi boca
y te siento en cada muerte
que se muere entre mis horas
y es que, absurdamente, a veces,
el tiempo me convoca
y me susurra que te quiere,
aquí, en mí y ahora.



