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A todos los que os asomáis a este rincón, gracias. A todos los que compartís un pedazo de tiempo vestido de letras, gracias.
A todos aquellos que aún creen firmemente que la palabra es un alimento para el alma ¡¡gracias!!
"Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio"
Federico García Lorca
"Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil."
Ernesto Sábato
"La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes."
John Lennon
"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras. Cuida tus palabras porque se transformarán en actos. Cuida tus actos porque se harán costumbre. Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter porque formará tu destino y tu destino será tu vida..."
Gandhi.
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Caminan conmigo
sábado, 10 de diciembre de 2011
Amor
Amor.
Amor que vienes a buscarme, silencioso
y me invitas a perderme entre tus sombras.
Que trepas a lo alto de mis hombros
y te enredas en mi cuello como un tallo de amapolas.
Amor que escalas subterráneos corazones
y te paras a las puertas de mi boca
y te enciendes, cual luciérnaga en la noche,
tiritando entre las ramas que te rozan.
Amor que muerdes mi carne
con las perlas nacaradas de tu boca.
Amor que te escondes en las nubes de la tarde
para ver arder el cielo entre mis horas.
Amor de piel sin piel,
de vírgenes caricias que te nombran.
Amor de ser sin ser,
escondido entre las calles sin farolas.
Amor sigiloso,
que masturbas las heridas de mi prosa
y te haces luna azul
que transforma en poesía lo que toca.
Amor,
que caminas por debajo de mi piel,
arañando con tus pasos mi memoria.
Amor…ven ya ¡desclávame!
que no puedo amarte así y sentirme sola.
Amor… libérame ¡hazme tuya o déjame!
para que pueda naufragar a la deriva de mis olas.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Hasta ver morir el sol
A veces necesito acurrucarme,
dejar que el mundo caiga hasta mis pies.
Beber de los silencios de la tarde,
trepar hasta las nubes y volver.
A veces necesito desprenderme
de esta cosa que llamamos realidad.
Doblar el almanaque, hacer un puente,
que aprenda a caminar en soledad.
A veces necesito columpiarme
romperme en tu manera de mirar.
Dejar que me desnuden tus palabras
y en la sombra de tu voz, echar a andar.
No acabo de saberme en esta tregua,
no acabo de encontrar aquel lugar,
que un día dibujaron mis quimeras,
a orillas de un azul y hermoso mar.
A veces necesito que me empape
esa lágrima que aún guarda el corazón.
Llorarte, a veces, aún quiero llorarte,
y no… no quieras que te cuente la razón.
Y es que a veces se me rompen las pestañas,
de mirar en el espejo y no ser dos.
A veces son mis manos que te extrañan
y te buscan en el fondo de un cajón.
Por eso en ocasiones me disgrego,
difumino cada parte de mi yo.
Me hago aire en un pedacito de viento
y me acurruco hasta ver morir el sol.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Vagamos
Vagamos.
Llegamos desnudos con el alma en blanco.
Nos visten de ideas, de normas, de reglas,
transmutan el fondo, violan nuestra esencia.
Nos ponen correas, cerrojos y puertas,
no vaya a ser claro el azul de algún cielo
o un nido de ideas se nos cuele dentro…
Someten al blando, rebaños de ovejas,
pastores indignos de bocas pequeñas.
Vagamos.
Algunos vagamos una vida entera
buscando la esencia que al nacer nos dieran,
y miramos dentro, dentro de la tierra,
para hallar raíces de inocencia virgen
de vírgenes eras, donde el pensamiento… era
aún era.....
un rumor del agua, una cascada abierta,
contenido y continente de espiral concéntrica,
de infinitas variables
de una misma luz, en una misma senda.
Y en ese viaje de inquietas tertulias,
de búsquedas ciegas,
con el pecho abierto, mordiendo quimeras,
encontré tus ojos arribando mareas,
tus ojos, de encendida calma
tus ojos de tierra,
tu mirada fértil preñada de sedas
con brasas de vida y sus muertes pequeñas.
Si alguien preguntase ¿mereció la pena?
vagar por desiertos colmados de arena,
morder la tristeza clavada en las venas
y sentir como estalla la violenta queja
del hueso aterido que el hambre contempla…
¿Mereció la pena?
Si. Rotundo y escueto. Redondo y certero.
¡Mereció la pena!.
Después de mirarme en tus pupilas bellas
y hallarte en mis manos libando una estrella.
Después de ser río colmado en tu lengua,
torrente del brío de tu boca abierta.
Después de saberte en la tierna corteza
de tu cuerpo breve en mi extensa pradera.
Mereció la pena remover la tierra,
deshacer los mapas, quebrar las fronteras,
¡recoger mil plumas y volar quimeras!
¡navegar la lluvia!
por sentir tus ojos mirándome entera…
¡sí! mereció la pena.
Ahora mis cabellos
son de seda blanca
y ha fraguado el tiempo
sobre mi piel clara.
Tú te fuiste lejos
a buscar el alba
a jugar con las nubes,
una madrugada.
Pero te has quedado
junto a mis rincones,
en todas las sombras,
en todos los soles.
Aún llevo tus risas
vistiendo mis labios
cuando cae la tarde,
y el fuego del cielo
anuncia el ocaso.
Aún miran mis ojos
en tus ojos bravos
y una dulce lágrima
te besa en las manos.
Aún nace ternura
y se mece en mis brazos
tu caricia extensa,
tu rostro callado.
Mil veces he muerto
ahogada en el llanto,
por tenerte lejos,
¡por quererte tanto!
por llevarte dentro
¡cual puñal clavado!
Y mil veces más una
tú me has levantado.
Si. Mereció la pena vagar por la vida
hasta hallar la esencia del amor, robado,
en lo más profundo de aquella caricia…
aquella caricia que nos entregamos.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Déjame acariciarte el corazón
Déjame acariciarte el corazón, déjame.
Déjame desangrarme en tu dolor, déjame.
Déjame ser la brisa, el alba y la caricia
que devuelva a tu mirada su candor…
Déjame que te envuelva
entre pétalos de seda
y que invente para ti,
un nuevo color.
Déjame que te abrace
hasta donde el alma alcance
quiero ser lluvia que limpie
el corazón.
Déjame que te enseñe mi sabor… déjame.
Déjame ser susurro, labio y voz
Déjame que te acune entre las hojas resecas
y que haga de tus sombras mi rincón.
Déjame acariciarte el corazón…
que me duele cada llanto,
que tus ojos han llorado,
cada herida que tu carne
ha postrado bajo el sol.
Y me duele la tristeza
que atardece entre tus manos
y me duele que me duelas
¡más allá de la razón!
¡Déjame!
Quiero llevarte en mis labios,
tatuado entre mis venas
y sentir como te enredas
en esta nueva ilusión.
Déjame…¡déjame que te acaricie el corazón!
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